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martes, 3 de septiembre de 2013

Cuéntame un cuadro: Baile en la ciudad de Pierre-Auguste Renoir

Después de decir esto se dirigió al gramófono y colocó el brazo del gramófono sobre el disco, iniciándose inmediatamente un suave trémolo de violines anunciando los primeros compases del Danubio azul.

Paul hizo una reverencia y extendió su mano hacia ella. Suzanne respondió la reverencia y puso su mano encima de la de él más por costumbre que por ser realmente consciente de lo que estaba haciendo y se dejó llevar.
Al principio sus pasos eran un poco torpes pero conforme avanzaban los compases fue ganando seguridad y dejó de contar los pasos y de mirar a sus pies. Pero no se atrevía a mirarle a los ojos, le daba vergüenza que Paul pudiese notar a través de sus ojos que miles de mariposas volaban por su estómago como en una tarde de Mayo. Pero al final la sensación de que él no paraba de mirarla superó su pudor y le miró a los ojos.
Y cuando posó su mirada se sintió perdida en la inmensidad azul de sus ojos, como un naúfrago en una isla desierta, atrapada en aquella inmensidad, cárcel y libertad al mismo tiempo.
Las vueltas se sucedían, y a cada una perdía más la noción del espacio y el tiempo. En ese momento la realidad se limitaba a sus manos, la que sujetaba su espalda y le impedía caer a pesar de la debilidad creciente que sentía en sus piernas y la que le sujetaba su mano con un suave contacto; y a sus ojos, una infinita inmensidad azul en la que estaba atrapada por completo y en la que se sentía en casa. Ni siquiera oía la música así que no sabía si seguían bailando porque seguía sonando el vals o porque no era capaz de despegar ni los ojos ni las manos de él.

Paul se encontraba tan perdido como ella. Se había sentido muy seguro de lo que estaba haciendo cuando extendió la mano hacia ella para bailar pero perdía la seguridad en sí mismo conforme iban pasando los compases. Mientras sólo veía de ella su brillante pelo cobrizo pudo mantener su mirada firme a pesar de los embates de su corazón que se manifestaban en el cuello, pero cuando por fin Suzanne le miró a los ojos y clavó sus negras pupilas en él, perdió por completo su seguridad. Fue como ver la luz después de muchos días de oscuridad, encontró en ellos la paz que da una noche de estrellas después de un día largo y agotador; y allí se quedó, mirando la luz de sus ojos como quien mira las estrellas buscando el sentido de la existencia. Y lo encontró, sintió estaba hecho para contemplar aquellos ojos para siempre.

Y así, enredados el uno en la mirada del otro, conectados por un hilo invisible pero tan real como ellos mismos, siguieron bailando a pesar de que la música se había detenido, siguiendo el compás de su propio corazón.




jueves, 1 de agosto de 2013

Cuéntame un cuadro: Baco y Ariadne de Tiziano

Bacchus 
Time has stopped.
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I was in my golden, cheetah-pulled chariot; dancing, enjoying the life and the craziness that gives me the wine running through my veins. Then, suddenly, at the soft sound of footsteps and a quiet gasp, everything has gone silent and still. I’m barely aware of the tumultuous riot that comes behind me; fading memories of a bunch of drunken people, jars of wine, music, laughter, satires and slaughtered animals. Even the image of my adoptive father sleepy on his donkey is indistinguishable from the blur of faces and noises that has become my cortege. But nothing matters. In front of me I have the most beautiful woman that I’ve ever seen in my life. She is frightened; scared of the scene that has unfolded in front of her eyes. But there is something more than fear in her eyes, vibrant as the sky above us. There is deep sorrow in the deep sea of her eyes, and salted tears have carved bright silver paths in her cheekbones. Also her clothes, soft linen red and blue tunics, are messily scattered on her body as if she had to put them on quickly, on a hurry. Her silken shawl is on the ground, next to the vase she must have dropped. I don´t know who she is, I don’t even know who I am; but, if the pain in my chest caused undoubtedly by one of cupid’s arrows is any indication, I know there’s no way I’m going to let her go.
Ariadne
Everything has changed.
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I was looking at the horizon where Theseus’ ships were going away without me. I had been left in the island of Naxos, on my own. I was so mesmerized in my own pain and humiliation that I didn’t hear them come. Their apparition was like a thunder. My eyes went first to the origin of the disturbance. I had never seen a bacchanal before but I recognized it as soon as I saw the riot. A small satire was dragging a goat’s head while another man was waving one of the legs; two nymphs were playing instruments and singing, there was a passed-out man on top of a donkey and other people, probably slaves, were carrying big amphorae of wine. All of them seemed to be pretty drunk and my first instinct was to turn over and flee. Then I saw him; the leader of this madness. Glorious as a God should be, in his golden chariot pulled by cheetah. I can’t keep my eyes from him. And it seems that he can’t pull his from me either. He must have sensed my fear because he’s jumping from his chariot quietly asking me to wait, concern painted in his handsome face, clouding his divine golden eyes. Suddenly all the noise that had startled me before has gone quiet. I don’t ever hear the barks of Argos, my loyal dog, who has jumped to defend me from the riot that had appeared all of a sudden. Don’t go! I can clearly read this in his eyes. He’s quiet but all his body is telling me this. Don’t go! Afraid that all the noise and commotion that I’m seeing would make me flee. Don’t go, his eyes are begging. How could I go? If I went now my heart would forever be in Naxos, the place where my life has changed for good.





martes, 11 de junio de 2013

Cuéntame un cuadro: Inundación en Port Marly de Alfred Sisley

Por fin, tras varios días de camino llego a Port Marly. Durante mi camino había oído los ecos de la inundación pero no esperaba encontrar la estampa que ven mis ojos.
La calle que corre paralela a la ribera del río más parece uno de los brazos del río que fluye a su lado que la principal vía de entrada. Sin embargo la gente continúa con sus ocupaciones como si el arroyo que corre por encima de la calzada de grava no fuese más que un visitante habitual, un vecino imprevisible al que hay que disculpar su temperamento.

Ante la puerta del hotel se encuentra detenido un elegante carruaje con sus níveos caballos agitados lo que indica que las noticias que han llegado a los confines de la región tampoco han impedido a sus ocupantes llegar a Port Marly. Un botones se apresura a acercarse al carruaje para recibir presto a los dos nuevos huéspedes del hotel.
Mientras, en el porche del hotel un zagal aguarda, curioso y atento a partes iguales, para enterarse de quienes son los huéspedes que llegan y que han sobresaltado la paz del pequeño hotel y que han hecho salir al botones a la carrera con una capa que impida a la dama manchar su calzado en el barro.
Los alcaldes se acercan con aire pausado e importante por la bocacalle. Pero, al contrario que el zagal del porche y que todos los sirvientes del hotel, ellos sí que saben quiénes son los misteriosos viajeros. Pero, por ahora,-Piensa el alcalde para sí con una sonrisa en los labios-guardaremos el secreto, aunque sólo sea para disfrutar de las caras de sorpresa de la gente.

Al otro lado de la calle, un mozo se apresura en terminar su trabajo: acarrear piedras para impedir que otro embate del río vuelva a penetrar en la calle. Es el último que queda de una cuadrilla que ha estado realizando la labor durante toda la mañana. Él se ha retrasado y ahora le toca terminar solo su trabajo.
El motivo de su distracción está sólo a unos metros de él, tras la hilera de chopos que separaban el cauce del río de la calzada. Un barquero navega por el río ahora pacífico, transportando las piedras que han de servir de dique desde la orilla opuesta donde hay una pequeña cantera de rocas. Él también va retrasado en su tarea y mueve con fuerza y celeridad los remos, temiendo una reprimenda del capataz.

Miro al frente y las líneas que marcan las casas de la calle y los chopos de la ribera dirigen mi mirada al único culpable del pequeño lago que hay en la calle, ahora manso como espejo de luna.
El cielo luce azul, brillante, con una miríada de colores que serían la envidia de cualquier pintor. En él unas nubes blancas, esponjosas juegan a cambiar su forma al capricho del viento intentando disimular su falta, sólo tangible en el hilo de plata que las circunda, como único recuerdo de su plomiza furia.

Esta es la estampa que me encuentro al llegar a Port Marly, una estampa que sé que no he de olvidar.

Respiro y entro en la ciudad con aire decidido, sabiendo que ya estoy más cerca de mi destino.


domingo, 2 de junio de 2013

Profesión de Isaac Asimov

Hoy vengo con recomendación literaria. No por la historia en sí (que desde luego merece la pena) sino para que podáis entender el post que no son más que mis reflexiones sobre la historia. Así que lo primero es dejar el link al relato en castellano (si a alguien le interesa el original en inglés no tiene más que pedirlo).


No soy muy fan de la ciencia ficción, imaginarme que un futuro tal y como lo pinta Asimov en este relato me resulta bastante descorazonador. 
Mi arma contra la ciencia ficción es analizarla a la luz de los hallazgos actuales de la ciencia. Sé lo que estaréis pensando, que le estoy quitando toda el encanto y la diversión a la ciencia ficción porque ninguna novela de ciencia ficción de hace 6 décadas podría resistir ese análisis. No creáis que no sé que tenéis razón pero es mi forma de evitar la angustia que me producen los libros ambientados en el futuro y más cuando, como en este caso, son ligeramente distópicos.

Y lo encontré, este fragmento:
Santo cielo, jovencito, tu patrón cerebral está fijado
desde el nacimiento. Se puede alterar mediante un golpe tan fuerte como para
que dañe las células o porque estalle un vaso sanguíneo o por un tumor o una
fuerte infección; y siempre para peor. Pero no se alterará por pensar de una
forma especial.
El clavo ardiendo al que me puedo agarrar para calmar la angustia. Últimos hallazgos confirman que el cerebro no es rígido sino que la conexiones cerebrales pueden ir cambiando, creando nuevas y destruyéndose otras. Por esto la idea principal en la que se basa la Educación: que el cerebro es inmutable y está prefijado para una determinada profesión es falsa; el cerebro puede ir modificándose para adaptarse a los desafíos que se le van planteando. 

Sin embargo hay algo peor que imaginar que una historia de ciencia ficción distópica pueda a llegar a convertirse en realidad: darte cuenta que ya es una realidad.
Olvidaos de los aspectos futuristas; olvidaos de la máquina que mediante escáner cerebral detecta el trabajo que debe tener una persona, de las cintas para educar a la gente, de los planetas y los viajes interestelares. Centraos en la esencia misma de esa Educación: la especialización.

Ese es, precisamente el futuro de nuestro sistema educativo. No hacemos más que oírlo en cuanto se habla de educación: preparar a los estudiantes para el mundo laboral, adaptar los planes de estudios a la demanda del mercado, estudiar para poder tener un buen trabajo con un buen sueldo...
Exactamente como en el relato. En el siglo 65 te graban la cinta de tu profesión y ya estabas Educado, Educado y listo para entrar en el mundo laboral. Como ahora (salvando las distancias): entras en una universidad, apruebas tus 240 créditos, et Voila! Preparado para pasar el resto de tu vida trabajando.

¿A alguien más le parece una burrada? A mi todo esto de estudiar para trabajar me suena igual que lo de estudiar para aprobar.
Así suceden leyes de educación y planes de estudio cada vez más reduccionistas que abocan casi a la desaparición de aquellas materias "inútiles" (historia, filosofía, historia del arte, música, ética, plástica, literatura universal, latín, química, biología), retirándolas del currículum común a todos los estudiantes y relegándolas a las ramas específicas de ESO o Bachillerato.
Así no se forman estudiantes, así producimos técnicos especializados, perfectos para llevar a cabo la labor para la que han sido "programados".

¿Alguien se ha parado a pensar que debemos ser algo más que técnicos?, ¿qué somos personas?,¿qué tenemos el deber de ser ciudadanos?
Pero qué clase de ciudadanos podemos ser cuando ignoramos nuestra historia, cuando carecemos de un pensamiento crítico; cómo valorar el legado cultural de un pueblo cuando carecemos de una educación que nos lo ponga en valor; cómo podemos pretender hablar correctamente cuando no conocemos nuestra lengua, ni sus orígenes, ni las maravillas que con ella han hecho los grandes escritores; cómo vamos a emocionarnos y a vibrar con la música de Beethoven cuando no conocemos el milagro que supuso su creación; cómo vamos a entender los avances científicos que cambien el curso de la humanidad, cuando no comprendemos el concepto de biotecnología.

Entonces como resultado hay una masa de técnicos cualificados, profesionales, eficientes y altamente especializados pero también profundamente ignorantes. Sin capacidad de pensamiento propio. Y, ¿entonces qué? Como decía Pascal: ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma?
Sin conocimiento, ni pensamiento, ni creatividad no somos más que máquinas: cualificadas, profesionales, eficientes y altamente especializadas.

Personalmente, a mí no me compensa.